Los tratamientos no quirúrgicos de rejuvenecimiento facial ofrecen soluciones eficaces y rápidas a los primeros signos de envejecimiento cutáneo, retrasando en ocasiones la necesidad de recurrir al quirófano. Salvo contadas excepciones, no deben plantearse como sustitutos de ninguna cirugía.

Debido a su carácter mínimamente invasivo, con efectos visibles desde la primera sesión, este tipo de tratamientos son cada vez más frecuentes, con mayor demanda entre quienes buscan una discreta mejoría.

Lograr un resultado natural, que permita apreciar una mejora visible, pero respetando los rasgos naturales de la persona, depende de que se establezcan una serie de pautas o consejos, tanto por el paciente como por el médico que los realiza:

1.-Prevenir.
Los tratamientos estéticos sin cirugía están indicados no sólo para tratar los signos de  envejecimiento; también se emplean con una finalidad correctiva y/o preventiva, en aquellos pacientes jóvenes que presentan determinadas lesiones cutáneas por sobreexposición solar, asociadas al acné o las debidas a la realización de determinados gestos. Todas estas circunstancias pueden dar un aspecto prematuramente envejecido. En este sentido, los tratamientos de hidratación cutánea basados en ácido hialurónico, las infiltraciones de plasma rico en factores de crecimiento o los peelings químicos superficiales ayudan a mantener el tono vital y la luminosidad propios de una edad más joven.

2.-Complementar. Por su versatilidad y rapidez de ejecución, los tratamientos no quirúrgicos están especialmente indicados en aquellos pacientes que tras someterse a una cirugía facial, desean que los resultados se perfeccionen o prolonguen en el tiempo. A menudo, tratamientos como el bótox o rellenos dérmicos como el ácido hialurónico son coadyuvantes tras una blefaroplastia o un lifting facial.

3.-Personalizar. No todos los tratamientos de rejuvenecimiento facial están indicados para todos los pacientes. Un estudio pormenorizado de cada caso, por parte de un buen profesional que transmita de forma realista qué resultados se pueden esperar, es la clave del éxito.

4.-Naturalidad: La naturalidad en cualquier tipo de tratamiento estético es un objetivo primordial. El cirujano debe transmitir al paciente que el objetivo es corregir, no cambiar, de forma que se obtenga una mejoría apreciable, pero discreta.

5.-Dosificar. Siempre es mejor quedarse corto que pasarse. Esto es especialmente importante con los materiales de relleno: es posible añadir si se considera beneficioso desde el punto de vista estético siendo mucho más difícil retirar un producto ya implantado. En el caso del bótox, sólo está aprobado su uso en el tercio superior de la cara. Su gran efectividad para reducir las arrugas de expresión en la frente ha permitido disminuir la indicación de otras cirugías como el lifting frontal o coronal. Su empleo en exceso o de forma no selectiva puede dar lugar a rostros inexpresivos.

6.-Armonizar: La infiltración de productos de relleno permite restaurar el volumen en determinadas zonas faciales como los pómulos o los labios. También son útiles para suavizar pliegues, como los del surco nasogeniano,  o arrugas más profundas como las del entrecejo. Como ya mencionamos, un sobre-tratamiento puede desembocar en resultados artificiales, llegando incluso a resultar grotesco. La clave reside en mantener una proporcionalidad entre los distintos elementos faciales para obtener un resultado armónico. De ahí la importancia de recurrir a especialistas en este tipo de tratamientos, que sepan emplear el producto adecuado en cada caso.

7.-Poner límites. Se deben ofrecer al paciente aquellos procedimientos que más se ajusten a sus necesidades. Es parte de la ética profesional asesorar y reconducir las demandas de los pacientes cuando éstas obedecen a modas, tendencias pasajeras o distorsiones de su propia imagen que no se ajustan a la realidad.

8.-Saber envejecer. Querer eliminar por completo los efectos del paso del tiempo en nuestro rostro es un deseo inasumible. Los tratamientos estéticos ayudan a contrarrestar el aspecto que provoca el paso de los años en nuestro rostro, contribuyendo a estar lo mejor posible, pero siempre dentro de la franja de edad que nos corresponde.

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