Los mitos más frecuentes en Cirugía Estética

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En torno a la Cirugía Estética existen multitud de mitos y opiniones equivocadas. Este tipo de informaciones se difunden a través de internet y diferentes medios de comunicación, proyectando y perpetuando en el tiempo una imagen distorsionada de la especialidad.   

En este post aclararemos la realidad en torno a algunas de las falsas creencias más populares de esta especialidad quirúrgica.

Mito: Todos los cirujanos estéticos son cirujanos plásticos.

Realidad: Desafortunadamente, la Cirugía Estética es una de las disciplinas médicas con mayor intrusismo profesional. Existen personas no cualificadas, que bajo el título de “cirujano estético” practican de forma engañosa procedimientos de cirugía estética sin contar con formación especializada en este campo, aumentado el riesgo de resultados no deseados y desprestigiando a los profesionales de esta disciplina médica.
El título de “cirujano estético” o “cirujano plástico facial” como tales no existen. El título oficial es “Cirugía Plástica, Estética y Reparadora”. Para ejercer de manera legal la especialidad se deben completar seis años de formación académica, al menos un año de oposición (MIR) y cinco años de formación quirúrgica. El cirujano plástico, estético y reparador es el único profesional legalmente cualificado para poder realizar cirugía estética.

Mito: Las cicatrices de la cirugía estética son para siempre.
Realidad: Todo proceso quirúrgico implica la existencia de cicatrices. La experiencia del cirujano en la ubicación de las incisiones, la técnica de sutura y los cuidados postoperatorios, facilitan que el resultado sea el mejor posible. El objetivo es que  las cicatrices permanezcan ocultas o sean poco aparentes. En la mayor parte de las intervenciones, y en condiciones normales de cicatrización, las cicatrices se vuelven prácticamente imperceptibles con el paso del tiempo.

Mito: La cirugía estética es sólo para mujeres.

Realidad: Aunque mayoritariamente son las mujeres quienes se someten a una intervención de cirugía estética, también los hombres acuden a consulta interesados en mejorar o corregir su aspecto físico. El porcentaje de cirugías en hombres, según diferentes estadísticas, se encuentra en torno al 10-15% del total, sin existir variaciones significativas en los últimos años. Las principales preocupaciones del género masculino giran en torno a la cirugía facial, siendo la blefaroplastia o cirugía de los párpados, la otoplastia y la cirugía de la nariz o rinoplastia los procedimientos más solicitados. En cirugía corporal, los hombres recurren a intervenciones como la liposucción y la cirugía de corrección de la ginecomastia.

Mito: La cirugía estética requiere retoques continuos.

Realidad: La mayoría de los procedimientos de cirugía estética ofrecen resultados definitivos en una sola intervención. Un cirujano nunca puede garantizar que una intervención no pueda precisar un retoque. En el caso de los implantes mamarios, las prótesis pueden durar toda la vida y no precisar cirugía de recambio, salvo circunstancias poco frecuentes (como la contractura o, de forma excepcional, la rotura del implante). En otros procedimientos como la cirugía de los párpados o blefaroplastia, puede considerarse que el resultado es definitivo. Asimismo, se puede realizar una rinoplastia o cirugía de nariz por segunda vez cuando existen alteraciones que no se corrigieron en un primer procedimiento, o porque han aparecido otras nuevas que no se apreciaban con anterioridad.

Mito: La cirugía de pecho interfiere en la lactancia, la realización de mamografías y la sensibilidad.

Realidad: Las mujeres que deciden someterse a una cirugía mamaria, -sea de aumento o de reducción de pecho-, pueden realizar una lactancia normal. De todas formas, hay que tener en cuenta que no todas las mujeres que lo desean pueden dar el pecho: debe quedar claro que esto es independiente de que hayan realizado algún tipo de procedimiento estético en las mamas. Las mamografías son igualmente fiables, aunque  es conveniente advertir al radiólogo antes de realizar la mamografía, de forma que adapte el estudio a dicha circunstancia. Asimismo, la disminución de la sensibilidad del pecho es poco habitual y suele ser de carácter temporal.

Mito: Si engordas tras una liposucción, la grasa vuelve a aparecer.

Realidad: La liposucción es la técnica más efectiva para eliminar los depósitos de grasa que se acumulan en zonas específicas como abdomen, caderas, cara interna de las rodillas o cuello, y que no desaparecen -pese a mantener un peso adecuado-, ni con ejercicio ni con dieta. Una vez eliminados, estos depósitos de grasa no pueden volver a aparecer. En el hipotético caso de que el paciente engordase, la grasa se distribuiría de forma uniforme sin que se reproduzcan los depósitos tratados con la cirugía.

Mito: Hoy día existen tratamientos estéticos con similares resultados a un lifting.

Realidad: Existe un amplio abanico de tratamientos estéticos contra el envejecimiento cutáneo que, si bien ofrecen resultados visibles de inmediato, son habitualmente temporales. Cuando está indicado, los resultados de un lifting son claramente superiores, en calidad y duración, a cualquier tratamiento estético. Los tratamientos no quirúrgicos pueden emplearse de forma complementaria a la cirugía, pero nunca como sustitutos de la misma.

Mito: Con frecuencia los pacientes buscan rasgos físicos de personajes famosos.

Realidad: Esta situación, en nuestro medio, es casi inexistente. La mayor parte de los pacientes son realistas en cuanto a las posibilidades de cambiar la fisionomía con una cirugía estética y buscan resultados naturales. Las características anatómicas de cada paciente son únicas, por lo que no hay dos cirugías iguales. Lo que se busca es mejorar un determinado aspecto con el que el paciente no está conforme, pero sin cambiar de forma radical. Un buen profesional debe de estudiar cada caso de forma individual transmitiendo de forma realista qué resultados se pueden esperar.

Mito: La cirugía estética es cara.
Realidad: Hoy por hoy todos los procedimientos de cirugía estética son accesibles a personas con diferentes recursos económicos. Además, existen formas de financiación que permiten a los pacientes costearlos con mayor facilidad.



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