Fotoenvejecimiento: signos y tratamiento

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El envejecimiento cutáneo es un proceso natural caracterizado por la progresiva disminución de la capacidad de renovación de las células, que se traduce en la aparición de arrugas y pérdida de elasticidad de la piel.

Los factores que intervienen en el envejecimiento cutáneo son múltiples. Además de factores de origen genético, existen otros ambientales como el tabaco, una alimentación poco equilibrada, el estrés, y principalmente la exposición solar,que puede acelerar este proceso de envejecimiento, y que es conocida como fotoenvejecimiento.

En base a esta distinción, podemos hablar de envejecimiento cutáneo cronológico, asociado a la edad, y de fotoenvejecimiento, debido a una exposición prolongada y recurrente a la radiación ultravioleta natural o artificial.

La piel se compone de tres capas: la epidermis, o capa externa, la dermis, o capa intermedia y el tejido subcutáneo, o capa profunda. La dermis contiene colágeno, elastina y otras fibras que constituyen la estructura de la piel proporcionando un aspecto más o menos “liso”. La mayoría de las diferencias producidas entre el envejecimiento cronológico y el fotoenvejecimiento radican en la dermis.

Una piel cronológicamente envejecida se presenta laxa, fina, uniformemente pigmentada y con arrugas superficiales. Los signos de una piel fotoenvejecida incluyen cambios en el color de la piel, discromías, léntigos, aparición gradual de telangectasias (dilatación de pequeños vasos sanguíneos), además de cambios en la textura cutánea como pérdida de suavidad, apariencia queratósica, desarrollo precoz y profundización de arrugas finas y presencia de surcos muy acentuados.

Esto es debido a que cuando los rayos ultravioleta penetran profundamente en la dermis dañan las fibras de colágeno y ocasionan una producción anómala de elastina, que da como resultado una piel atrófica y de aspecto envejecido.

Prevención y tratamientos
La principal medida preventiva del fotoenvejecimiento cutáneo es el uso regular de protector solar. Cuando la piel ya ha adquirido un daño severo, existen diversas técnicas no invasivas que permiten suavizar las arrugas leves a moderadas y mejorar de forma ostensible el aspecto de las más profundas.

Estos tratamientos incluyen el resurfacing con láser de erbio o CO2, la dermabrasión o los peelings químicos. Dependiendo de la localización y profundidad de las arrugas o lesiones cutáneas, el cirujano determinará el procedimiento más adecuado para cada caso.

El resurfacing facial con láser es una de las técnicas más efectivas para rejuvenecer el aspecto de la piel del rostro. Actúa sobre las capas superficiales y medias de la piel, lo que permite tratar arrugas en la zona perioral (el denominado ‘código de barras’) y las mejillas. Determinados tipos de tumoraciones y manchas cutáneas pueden ser eliminadas tratándolas con láser. Por ejemplo las manchas con aspecto “café con leche” de carácter benigno que presentan muchas personas asociadas a la edad y la exposición solar. Otras lesiones como las queratosis seborreicas o algunos tipos de lunares también pueden ser tratados con láser.

Tras un tratamiento de resurfacing se produce un proceso de regeneración o reepitelización cutánea, que da como resultado una piel más luminosa, más uniforme en el tono y con menos arrugas en una sola sesión.

Los tratamientos de rejuvenecimiento facial descritos son procedimientos médicos, no cosméticos. Son técnicas seguras y efectivas cuando son aplicadas correctamente por manos expertas. 

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